Tengo el privilegio de ocupar esta posición y por unos pocos minutos hablarles de mi profesor, el Dr. Edwin Ruiz Alarcón.
Nació en Bucaramanga el día 21 de octubre de 1950. Recibió el título de Doctor en Medicina y Cirugía de la Universidad Industrial de Santander en 1975 y Especialista en Neurocirugía de la Universidad Javeriana en 1980. Complementó sus estudios médicos como asistente extranjero bajo la tutoría de los Profesores Gérard Guiot y Constantino Sotelo en París, y del Profesor Gazi Yasargil en Zurich. Desde entonces formo parte del Instituto Neurológico de Colombia, comprometido permanentemente con la atención médica de sus pacientes y con la formación de nosotros. Su interés académico no se limitó a la medicina; realizó estudios de postgrado en Administración Hospitalaria en la Escuela de Administración de Negocios de Bogotá, fue alumno del Centro de Estudios Diplomáticos en París e hizo una maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad Javeriana en Bogotá. Se desenvolvía fluidamente en francés, inglés y alemán; su pasión por el arte y en especial la escultura, la cultura egipcia y la política internacional lo hacían un espléndido interlocutor en cualquier situación. No solamente logró todas las distinciones posibles en su país; presidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía, director del Instituto Neurológico de Colombia, editor de las revistas “Neurología” en Colombia y “Neurociencias” en Colombia. Recibió las condecoraciones por Servicios Distinguidos, por Orden del Mérito Hospitalario y Orden del Milenio de la Policía Nacional. Trascendió y fue Embajador Encargado de Colombia ante Francia, fue secretario general de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía y presidente de la Sociedad Latinoamericana de Cirugía Funcional y Estereotáctica hasta el día de su muerte, en abril 2 de 2006.
Su papel como miembro de una comunidad médica fue asumido cabalmente y no se centro en la búsqueda de su bienestar personal. Su compromiso con la sociedad no se limitó al ejercicio médico. Su participación en la formación médica, el uso responsable y oportuno de la tecnología sin entrar en futilidad, y la proyección en la adquisición tecnológica no pueden desconocerse. Aceptó el desafío que nuestra sociedad latinoamericana le presentó.
Jorge Franco, escritor colombiano, en su última novela nos enseña que «no es uno el que se come al tiempo sino el tiempo el que se lo come a uno, enterito, con apetito de piraña, sin dejar siquiera el recuerdo. Siempre llega el momento en el que no existe nadie que lo recuerde a uno; al último que nos tuvo en su memoria, también le llegó el tiempo y se lo comió. Y así hasta que el tiempo se coma al universo y de postre se coma a Dios.»
Mi percepción no puedeser ésta; las ideas, las enseñanzas se conservan y perduran. Voy a citar solamente tres lecciones de él:
Su concepto de técnica quirúrgica y universalidad en su aplicación y su compromiso con la citorreducción de las lesiones le permitieron encontrar en la tecnología su gran aliada; impulsó tanto su formación en técnicas novedosas, como en la formación de sus discípulos en diferentes disciplinas y la adquisición de esta tecnología en los diferentes sitios en que ejerció.
Siempre manifestó su respeto y admiración por la mujer; un caballero que le dio su valor real y apoyo incondicional tanto en su vida privada como profesional.
Respetó, aplaudió y patrocinó a quien tenía ideas novedosas; nunca aceptó la izquierda mediocre ni la derecha ignorante. Simplemente era imposible permanecer cerca de él sin tomar una posición. Era un motor de ideas.
No podemos dejar que el tiempo nos devore. Tenemos que levantar la cara, fijar nuestro norte y dejarnos llevar inspirados por quienes nos han enseñado un arte.
A mi profesor, a mi maestro, a mi capitán, buen viento y buena mar.
A Patricia, Lina y Andrés, todos mis recuerdos.
Dr. Bernardo Pérez Valencia
Neurocirugía Estereotáctica y Funcional, Radiocirugía.
Centro Médico Imbanaco
Cali – Valle, Colombia